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Patrimonio y Museos

Propuesta divulgativa del Museo de Alcalá de Guadaíra que invita a descubrir, mes a mes, algunas de las piezas más relevantes de sus colecciones.

Christopher Miguel Rivas Reina Delegado

Christopher Miguel Rivas Reina

crivas@alcalaguadaira.org

La pieza del mes

El Museo de Alcalá de Guadaíra pone en marcha la iniciativa PIEZA DEL MES, una propuesta divulgativa destinada a acercar al público algunas de las piezas más destacadas y singulares de sus colecciones.

A través de una selección mensual, esta sección permitirá descubrir algunas de las piezas conservadas por el museo y conocer mejor su historia, función y contexto histórico.

La iniciativa se inaugura con una serie de cuatro piezas comentadas por el arqueólogo Carlos Hornillo Díaz, quien ofrece una mirada cercana y rigurosa sobre algunos de los testimonios materiales más interesantes del pasado de Alcalá de Guadaíra.

La primera entrega está dedicada a una cabeza escultórica de época romana, una pieza que nos acerca a la presencia romana en nuestro territorio y al patrimonio arqueológico conservado por el museo.

JUNIO 

Cabeza femenina romana (s. I – II d. C.) en mármol.

Para este mes de junio, hemos seleccionado esta cabeza romana de mármol blanco encontrada en nuestro municipio en 1948, y actualmente expuesta en nuestro Museo. La escultura se caracteriza por unos rasgos de estilo griego, tan populares durante la época altoimperial romana.

Tradicionalmente, la cabeza se la ha identificado con los restos de una estatua de Venus, una diosa con muchas funciones en época romana, normalmente relacionada con el amor, la belleza y la fertilidad. Con la conquista romana de la actual Andalucía a finales del siglo III a. C., se produjo un lento proceso de romanización de los pueblos prerromanos que culminará en el siglo I d. C. Una de las consecuencias de la romanización fue la aparición de villas y santuarios rurales, en uno de los cuales seguramente estaría esta estatua de Venus.

El culto de la Venus romana muy pronto absorbió las funciones de otras divinidades femeninas, como las púnicas Astarté o Tanit. En la Bética romana, Venus se asoció a los huertos y jardines, junto a dioses como Baco, Príapo o las ninfas, todos ellos relacionados con la fertilidad de la tierra. Pero Venus también es una diosa política. Con la llegada al poder de Augusto, el primer emperador, Venus será la antepasada mítica de la nueva dinastía, y por tanto el culto a la diosa significaba también la lealtad y culto a la familia imperial.

Se desconoce el contexto y por tanto su función de nuestra pieza del mes. Sin embargo, hay que destacar los lóbulos perforados que poseen las orejas de la escultura. Casi con seguridad, esta cabeza estaría decorada con pendientes y quizás estaría pintada para acentuar sus rasgos, como labios, iris, cejas y pestañas. No sería un error afirmar que quizás estamos ante una estatua que recibiría culto, y no simple decoración. Al igual que nuestras imágenes devocionales hoy en día, tan ricas en artesanías de mantos, ornamentos y policromía, las estatuas que eran adoradas en Roma estaban completamente pintadas, a las que se añadían coronas, pendientes, cetros; e incluso se vestía y peinaba.

Sea o no una cabeza de Venus, lo cierto es que esta pieza muestra la riqueza de la región en época romana, y la larga historia de nuestro municipio.  



Cabeza femenina romana.pdf

JULIO

Exvotos romanos (s. I – III d. C.) Terracota.

Para este mes de julio, se han seleccionado estos exvotos de procedencia desconocida. Un exvoto es cualquier objeto entregado a un santuario por una promesa cumplida. La palabra exvoto proviene de dos vocablos latinos, “ex” y “votum”. En latín, votum deriva del verbo vovēre, una palabra de profundo significado religioso que se puede traducir como “consagrar” o “dedicar”, pero sobre todo “jurar de forma sagrada”. Por tanto, exvoto se podría traducir como “por un juramento”.

En la Antigüedad, el fenómeno del exvoto no es exclusivo del mundo romano. Ni siquiera es algo que sólo se restringe al mundo antiguo. Incluso hoy día, es común llevar a una iglesia una ofrenda o realizar una peregrinación. Sea cual sea la cultura, el proceso es el mismo: ante el cumplimiento de la promesa por parte de la divinidad, el creyente lleva un regalo, y finaliza así el “contrato” que adquiere con ella.

Estos exvotos muestran a mujeres cuyos rasgos sexuales (senos, caderas y nalgas) aparecen intencionadamente detallados. El cabello está recogido en un simple moño, y los rostros presentan pocos detalles que en ningún caso retratan personas reales. A pesar de su fragmentación, se sabe, por otros paralelos, que los brazos estarían en forma de cruz, un gesto que muestra al suplicante abierto a la divinidad esperando recibir sus dones. Estas figurillas muestran uno de los mayores anhelos de las mujeres en la Antigüedad: el embarazo. Dada la alta tasa de mortalidad infantil, los abortos espontáneos y la dificultad de concebir, las mujeres recurrían con frecuencia al mundo divino.

No es de extrañar que en torno a los santuarios surgiesen artesanos que hacían este tipo de ofrendas. Así, por ejemplo, en Hechos de los Apóstoles, se recuerda que cerca del Templo de Artemisa en Éfeso existían numerosos plateros que labraban figurillas y templetes que vendían a los peregrinos (Hch. 19. 23 – 41). La práctica de los exvotos fue recordada por muchos autores antiguos. Horacio, en sus Odas (Hor. Carm. 1. 5. 13 – 16) escribe: “En el sacro muro una tablilla votiva dice que mis ropas húmedas se ofrendaron al potente dios del mar”. Juvenal, por otro lado, se burla de cómo los marineros llenan los templos de cuadros dedicados a la diosa Isis por una buena travesía, para beneficio económico de los pintores (Ivv. 3. 25 – 29).

En cualquier caso, estos exvotos son una prueba de la religiosidad popular en el pasado, y de los deseos más profundos de aquellos que la historia no suele recordar.  

Exvotos texto.pdf

Agosto

Figuras de plomo 

Juguetes de plomo (s. XIX – principios siglo XX).

Para este mes de agosto, hemos seleccionado estos juguetes de plomo que representan a dos guardias civiles. Las figurillas muestran chaquetas abotonadas, cinturones que marcan la cintura, botas altas y, en el caso de uno de ellos, un petate a la espalda. Originalmente, estarían sobre una plataforma y portarían armas, pero por desgracia no se han conservado. La tercera figurilla es otro guardia civil a caballo, con el mismo tipo de uniforme, que lleva un sable en la mano derecha. El animal, que no conserva las patas, bien podría estar corriendo o en posición rampante.

Estos juguetes muestran una realidad que no se suele abarcar en los museos: la infancia. A lo largo de la historia humana, el juego ha sido para los niños un aprendizaje inconsciente que los prepara para el mundo adulto. Jugar a las peleas, el escondite, los soldados o a “papás y mamás”, son en realidad un reflejo de la vida adulta, sus oficios y obligaciones. El cambio era además rápido, con marcados roles de género. Muchas chicas entre los 10 y los 12 años dejaban sus muñecas para casarse y parir hijos propios, pasando de niñas a madres en apenas tiempo.

El juego también enseñaba a los niños la labor de sus padres, colaborando con la economía doméstica desde que tenían uso de razón. Encontramos infantes de ambos sexos en los campos de labranza, en las minas, en la construcción o en la industria. La preocupación europea desde finales del s. XIX en adelante para proteger una infancia digna, desarrollar una adolescencia completa e incorporar al mundo adulto a jóvenes educados, es en realidad una anomalía en nuestra historia. Y, aún hoy, esto no es una idea universal.

En cualquier caso, los juguetes son una constante sin importar cultura o época. Por ejemplo, en el Museo de Cádiz, se conserva toda una colección de una niña romana hecha en cristal de roca. Y tanto en el Museo Arqueológico de Sevilla como en el Museo de Antequera se conservan “cocinitas” de cerámica almohade que representan vajillas en miniatura para el ocio infantil.

Estos soldaditos de plomo muestran el pasado de los más pequeños, sus ilusiones y sus anhelos. La importancia radica no en su valor artístico o económico, sino en el potente aspecto emocional que irradian. Estos objetos pertenecieron a un pequeño que jugó con ellos, los apreció y los conservó, hasta que dejó de hacerlo. Y ahora, el juguete ya no es un juguete: es una pieza de museo que nos recuerda que los niños también existieron en el pasado.  


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